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¿Es normal lo que me pasa? 5 preguntas que toda mamá se hace durante la lactancia (y que merecen respuestas reales)

¿Si me duele, es porque lo estoy haciendo mal?

El dolor durante la lactancia no es normal ni debe naturalizarse. Puede ser señal de una dificultad en el agarre, grietas, candidiasis, obstrucción o incluso un frenillo sublingual restrictivo.

Teoría y evidencia:
– Según la Academia de Medicina de la Lactancia Materna (ABM), el dolor persistente al amamantar suele estar relacionado con una técnica de acople inadecuada y si no se corrige a tiempo puede llevar al abandono precoz (ABM Clinical Protocol #1, 2018).
– Nancy Mohrbacher propone el enfoque ‘biological nurturing’, que aprovecha los reflejos del recién nacido y la gravedad a favor del buen agarre.

Consejo profesional:
Revisar el acople, postura y condiciones anatómicas con una asesora puede marcar un antes y un después.

¿Tengo poca leche?

La percepción de tener ‘poca leche’ es una de las causas más frecuentes de abandono temprano, pero la hipogalactia real es muy poco común.

Teoría y evidencia:
– Carlos González explica que la mayoría de los casos se deben a expectativas erróneas. La producción depende de la frecuencia y eficacia de las tomas.
– La OMS/UNICEF remarca que la succión frecuente y eficaz es clave para mantener la producción.

Dato importante:
Los brotes de crecimiento generan un aumento de demanda y forman parte del proceso de regulación fisiológica.

¿Hasta cuándo es normal amamantar?

La duración de la lactancia es una decisión personal, pero la evidencia avala la lactancia prolongada.

Teoría y evidencia:
– La OMS recomienda lactancia exclusiva hasta los 6 meses y complementaria hasta los 2 años o más.
– Jack Newman señala que el destete natural en culturas no influenciadas suele ser entre los 2 y 4 años.
– Laura Gutman plantea que la teta es también un organizador emocional.

Reflexión:
El destete no es un corte, sino una transformación del vínculo.

¿Por qué mi bebé se despierta tantas veces de noche?

El sueño infantil es evolutivo y profundamente vinculado a la regulación emocional.

Teoría y evidencia:
– Rosa Jové explica que los despertares nocturnos son fisiológicos, especialmente durante el primer año.
– Estudios de James McKenna muestran que el colecho y lactancia nocturna ayudan a la regulación y desarrollo neurológico.

Tranquila:
Tu bebé no está mal, te necesita, y vos lo estás haciendo bien.

¿Puedo pedir ayuda sin que crean que no puedo?

Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de fortaleza. La maternidad necesita tribu y red.

Teoría y evidencia:
– Michel Odent sostiene que una mujer necesita sentirse segura para amamantar con confianza.
– Alejandra Melús habla del sostén emocional en el puerperio como preventivo en salud mental materna.

Recordá:
Estás aprendiendo algo inmenso. Mereces un acompañamiento real, cálido y respetuoso.

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Estas preguntas no son un signo de que algo esté mal.

Son parte del camino.

La lactancia materna es un viaje transformador que merece información, acompañamiento y respeto.

En este espacio, quiero que te sientas bienvenida, contenida y acompañada.

¿Tenés más dudas o buscas apoyo en tu proceso de lactancia?
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El cuerpo de la mamá en el puerperio: Una mirada psicomotriz para comprender los cambios, las emociones y la necesidad de acompañamiento.

El puerperio es un tiempo de umbral: ya no estamos donde estábamos, pero todavía no llegamos a ese nuevo lugar que empieza a gestarse con la maternidad. En esa tierra intermedia, el cuerpo habla. Y desde la psicomotricidad, elegimos escucharlo.

Después del parto, el cuerpo de la madre queda cargado de sensaciones intensas: cansancio, tensión, placer, vacío, ternura, miedo. Como dice Bernard Aucouturier, “el cuerpo es memoria”, y en el puerperio esa memoria está a flor de piel. Cada movimiento, cada pausa, cada gesto contiene una historia que merece ser mirada sin juicio.

Durante mucho tiempo, la mirada social ha estado puesta casi exclusivamente en el bebé. Pero ¿qué pasa con la madre? ¿Quién la acompaña en su propio nacimiento como tal? Daniel Calmels nos recuerda que “nacer madre es también un proceso corporal”. No ocurre en un instante, sino que se va tejiendo en el vínculo, en el contacto, en la disponibilidad, pero también en las dudas, en el cansancio, en la necesidad de tiempo y espacio propio.

El puerperio, en términos fisiológicos, suele dividirse en etapas: el puerperio inmediato (primeras 24 horas), el temprano (hasta los 10 días), el tardío (hasta los 45 días), y el puerperio prolongado, que puede extenderse varios meses o incluso años. Desde una mirada más integral, emocional y vincular, el puerperio dura todo el tiempo que necesite una mujer para reconfigurarse en su nueva identidad como madre.

Este proceso puede volverse particularmente difícil cuando se instala el agotamiento físico, la falta de sostén o la soledad emocional. Estudios actuales (OMS, 2023) estiman que una de cada cinco mujeres experimenta síntomas de depresión materna durante el primer año posparto. Es mucho más común de lo que creemos, y muchas veces no se detecta porque se espera que la maternidad se viva solo con alegría y plenitud.Cuando no hay lugar para lo que incomoda o duele, muchas madres sienten que deben silenciar lo que les pasa. El mandato de la “madre feliz” pesa más que el permiso de habitar la maternidad desde la complejidad. Por eso, reconocer el impacto emocional y corporal de esta etapa es un acto de cuidado. Porque no se trata solo de superar el puerperio, sino de poder atravesarlo con sostén, conciencia y compasión.

Y es que muchas veces, esa necesidad de tiempo propio se vuelve tan lejana que incluso cuesta nombrarla. Entre las demandas del recién nacido, la lactancia, el sueño fragmentado, los cuidados, el cuerpo de la madre queda en un segundo plano… o más atrás. Volver a encontrar un momento para una ducha tranquila, para moverse sin cargar a alguien más, para respirar sin sobresalto… puede llevar semanas, meses, incluso años.

No siempre es fácil reconocer esa necesidad. A veces aparece como irritabilidad, tristeza, ansiedad. Otras veces, como el deseo de “volver a ser yo”, sin tener claro qué significa eso ahora. La psicomotricidad nos invita a poner atención en ese cuerpo que cuida, que contiene, que sostiene… pero que también necesita ser cuidado y contenido.

El reencuentro con una misma no es inmediato. Es un proceso que merece respeto y tiempo. Implica poder decir: “Este es mi cuerpo ahora. Con su cansancio, con su fuerza, con su ternura.” Implica volver a reconocerse desde otros ritmos, otras necesidades, otros límites. Implica, también, resignificar el movimiento: no solo como acción, sino como expresión de vida.

Y en ese camino, es vital no transitar solas. Necesitamos espacios reales donde podamos hablar, llorar, reír, descargar lo que sentimos sin miedo. Donde alguien nos mire y nos diga: “Te entiendo, yo también pasé por ahí”. Un espejo que devuelva empatía y no exigencias. Una escucha que abrace sin juzgar. Porque muchas veces las madres callan o intentan sostenerlo todo… sin poder decir simplemente: “me cansé”. Y eso también merece ser dicho. Y acompañado.

Es importante recordar, como planteaba John Bowlby desde la teoría del apego, que no se trata de ser una madre perfecta, sino de ser una base segura. Alguien disponible emocionalmente, que responde con sensibilidad y que, en la medida de sus posibilidades, está presente para su bebé. Una “buena madre”, entonces, no es la que nunca duda, nunca se cansa o lo hace todo bien, sino la que intenta sintonizar, la que repara cuando se equivoca, la que también se cuidapara poder cuidar. Porque maternar no es desaparecer en el otro, sino construir un vínculo en el que ambas partes crecen. Y en ese crecimiento, también la madre merece ser sostenida.

Andrea Garrone
Lic. en Psicomotricidad
Asesora en lactancia materna

 

Bibliografía
Aucouturier, B. (2004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Graó.
Bowlby, J. (1988). Una base segura. Paidós.
Calmels, D. (2012). Nacimiento y transformación en la maternidad. Lugar Editorial.
Gutman, L. (2011). La maternidad y el encuentro con la propia sombra. Del Nuevo Extremo.
Organización Mundial de la Salud (2023). Salud mental materna. https://www.who.int